Yo no me callo

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Gabriela Panchana Briones

“Somos libres porque lo somos, no porque un individuo consiente en que lo seamos mientras a él le agrade”. Juan Montalvo, ecuatoriano que combatió con su alma insumisa y su pluma mordaz la dictadura perseguidora de Gabriel García Moreno.

Quienes creemos en la libertad como un derecho, quienes no estamos dispuestos a entregar nuestra característica más humana, que es la de reflexionar acerca de nosotros y de nuestro entorno, y con ello, cuestionar, criticar, creer y dejar de creer; promover causas y defender principios; estamos también conscientes de que la única manera de ser libres es ejerciendo la libertad, incluso cuando su ejercicio sea ‘ilegal’.

En estos tiempos revolucionarios, un minúsculo grupo pretende convencernos y obligarnos a someter nuestra dignidad, nuestra esencia humana, al gusto y a la aprobación del poder político, que –si no nos hemos dado cuenta– es también poder económico, poder mediático y todos los poderes, el de las armas, el de las leyes y el de la relativa mayoría electoral.

Dice una de las tantas propagandas del Gobierno que “son tiempos difíciles para la delincuencia”, yo digo que son tiempos tremendamente duros para quienes no estamos dispuestos a guardar silencio ante lo injusto, lo antidemocrático y lo corrupto. Si ello nos convierte en delincuentes, bienvenido sea el honor de ser perseguidos por ejercer y defender a la libertad.

Yo no me callo ante el poder que hace exactamente lo mismo que vocifera en contra de sus detractores: manipular la verdad, proteger a los acusados de corrupción de su círculo íntimo; perseguir a los mensajeros de las malas noticias, sin rectificar ni reconocer la veracidad de esos escándalos que solo hemos conocido por medio de la prensa independiente, ahora amordazada. Denuncias como las de los radares chinos, comecheques, Glas Viejó, Pedro Delgado, Duzac, chalecos y placas Antón, Petrochina, etcétera.

Pero tampoco me callo ante la oposición sistémica que, en su gran mayoría, desoye el llamado de la historia, de enfrentar con heroísmo el presente, para que no nos sigan envenenando el futuro, que no es nuestro, sino de nuestros hijos y nietos, a quienes les deberemos responder por lo que hicimos y por lo que dejamos de hacer.

Y ni siquiera me callo ante mis hermanos conciudadanos, que asumen la política de la desidia o el acomodo, amparándose en las banderas indignas que representan “somos minoría; ya no hay nada que hacer; todos los políticos son iguales, etcétera”. Todos podemos hacer algo: informarnos, opinar, ser parte de la resistencia civil. ¿Queremos hacerlo desde la comodidad del sofá? Hagámoslo, empecemos por activarnos políticamente en Twitter y en Facebook. Pero no callemos.

Seamos libres porque lo somos. Es imposible ejercer la libertad con mentalidad de esclavos. Es una traición a quienes entregaron sus vidas para que hoy tuviéramos los derechos que tenemos no hacer lo necesario para defenderlos y conservarlos. Todos los derechos conllevan responsabilidades, la principal es la de no permitir que nos los quiten.

Ciudadana.

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