Ecuador: el David banquero


Ecuador: el David banquero

Álvaro Vargas Llosa

Acaba de iniciarse la campaña electoral en Ecuador, aunque la candidatura del principal rival del Presidente Correa, el ex banquero Guillermo Lasso, que ya alcanza el 23 por ciento en intención de voto, ha sido objeto de un ardid antidemocratico: se le ha impedido inscribirse porque su compañero de fórmula, el indígena Auki Tituaña, estaba descalificado en vista de su pasada afiliación a otro grupo, el movimiento Pachakutik. Lasso, ese David enfrentado a Goliat, tendrá que buscar reemplazo.

La semana pasada, tuve una larga reunión con Guillermo Lasso y su equipo de campaña (y potencial equipo de gobierno) en Ecuador. Me llevé una excelente impresión. Sólo un milagro le permitirá derrotar al Presidente por razone parecidas a las que prevalecieron en Venezuela cuando Chávez se impuso a Capriles. Pero sería un error medir el éxito o fracaso de Lasso en función de si logra eso.

Recordemos que, como Chávez y el boliviano Morales, Correa resultó electo (en 2006) bajo una Constitución que de inmediato reemplazó por otra. Ello le permitió convocar nuevas elecciones para refrendar su poder y lo faculta ahora para buscar la reelección. Como los otros populistas, gracias a una fuerte concentración de poder, la persecución de adversarios, el silenciamiento de medios de comunicación y el sometimiento de instituciones otrora independientes, él será el árbitro de su propia releección.

Entre sus rivales, hay algunos que parecen diseñados para facilitarle las cosas, como el eterno Álvaro Noboa, pintoresco magnate del banano, Lucio Gutiérrez, el ex militar que no pudo acabar su mandato tras un levantamiento de la misma izquierda radical que él había acaudillado, y tal vez el ex Presidente Abdalá Bucaram, exiliado en Panamá tras su destitución por “incapacidad mental”. También están en liza los grupos radicales que respaldaron a Rafael Correa en su día y hoy quieren desbordarlo por su siniestra.

Todo esto hace de Guillermo Lasso el único rival a quien Correa teme. Como empresario, colaborador de gobiernos democráticos en el pasado y líder de un esfuerzo por poner a Ecuador en la senda que ha tomado la mayor parte de la región, es el único que puede ofrecer algo que no sea el regreso al pasado, la percepción de corrupción o la imagen de la inestabilidad. Su fulgurante ascenso ha asustado lo bastante a Correa como para que el Presidente haya anunciado ya algo que se parece al inicio de nacionalización bancaria (Lasso es propietario del Banco de Guayaquil). La operación contra su inscripción presidencial indica a las claras que en el Palacio de Carondelet saben quién es el enemigo.

Muy consciente de que en el Ecuador populista ser banquero y hacer política es prestarse a estereotipos implacables, Lasso parece dispuesto a aguantar lo que venga. Tiene un equipo de jóvenes liberales, casi todos treintones o apenas cuarentones, de los mejores que he conocido en América Latina. Se ocupan de armar la estructura del partido CREO, preparar el plan de gobierno y tejer alianzas con organizaciones civiles y sociales, y exhiben un idealismo que hace mucho tiempo está ausente de la política latinoamericana. El jefe se cuida de no dar armas al gobierno: ofrece mantener mucha de la asistencia social que Correa ha llevado a cabo (y aumentar el “bono” que se distribuye entre los más necesitados). Pero no tiene complejos en proclamar que Ecuador necesita una inyección masiva de capital privado, nacional y extranjero, y que las instituciones, tan zaheridas, recuperen su lozanía acotando el poder del Presidente y del gobierno.

Es importante para América Latina que Lasso haga un buen papel. En estos años, mientras Chile, Perú y Colombia iban anotándose grandes logros gracias a su combinación de libertad política y económica, perfectamente compatibles con programas sociales financiables, Ecuador se alejó de ese ejemplo. El país hizo noticia por los abusos de poder y por su modesto rendimiento económico. Hoy Ecuador produce menos petróleo que cuando Correa llegó al gobierno (unos 40 mil barriles diarios menos). El crecimiento promedio entre 2007 y 2011 ha sido de 3.5 por ciento, la mitad del peruano. El Estado se ha vuelto el principal inversor (la inversión estatal representa cerca del 11 por ciento del PBI), desplazando a una empresa privada asustada de meterse en la cueva del lobo. A pesar de que los ingresos petroleros aumentaron 66 por ciento desde el inicio del gobierno, el déficit fiscal supera el 6 por ciento del PIB.

Como sucede con el populismo, el gobierno ha logrado un impacto en una masa crítica de votantes apelando a armas de corto plazo como el uso ilegal de las pensiones para financiar un seguro de salud y un gasto desaforado para entregar subvenciones. Eso y la retórica justiciera explican el soporte popular de que goza Correa.

Lo que intenta Lasso no es sólo ganar una elección sino cambiar una mentalidad. Por eso creo que su éxito se debe medir de otra forma. Si coloca una bancada o “bloque” parlamentario numeroso en la Asamblea, fuerza una segunda vuelta (que Correa sólo evitará si tiene 40 por ciento en la primera y diez puntos más que el segundo) y da a sus ideas un protagonismo en este proceso, habrá triunfado.

El Mundo de España
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/hilo-de-ariadna/2012/11/14/ecuador-el-david-banquero.html

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