¿Qué es lo que, finalmente, quiere Dilma? ¿Reeditar la Guerra del Paraguay

¿Qué es lo que, finalmente, quiere Dilma? ¿Reeditar la Guerra del Paraguay?

Por Reinaldo Azevedo
Sao Paulo, Brasil

¿Saben lo que hay realmente en la raíz de la reacción negativa de los países sudamericanos a la destitución de Fernando Lugo? ¡La mala conciencia! También, y especialmente, en Brasil. Ya les explico. Pero antes, algunas consideraciones.

Paraguay se encuentra en paz, dos días después de que Lugo fue depuesto por el Congreso, de acuerdo con la más estricta y rigurosa letra de la Constitución. Mas no permanecerá así por mucho tiempo si dependiera del Brasil y otros países sudamericanos. Parece que la presidente Dilma Rousseff, siguiendo los pasos de su predecesor durante la crisis de Honduras, no se conforma con la plaza vacía. La expectativa era que millones de personas salgan a las calles en defensa del presidente depuesto. Nadie apareció. Lo mismo, por cierto, ocurrió en Honduras. Las protestas sólo empezaron cuando Manuel Zelaya, decidió organizar la “resistencia” desde la embajada de Brasil, con el apoyo de Lula y Chávez.

La Constitución se ha seguido estrictamente. Pero a Dilma no le gustó.
La Cámara de Diputados aceptó la acusación por 73 votos contra 1. Pero a Dilma no le gustó.
El Senado aprobó la destitución por 39 votos contra 4. Pero a Dilma no le gustó.
El Poder Judicial declaró legal la destitución de Lugo. Pero a Dilma no le gustó.
Incluso la Iglesia Católica del Paraguay reconoce el juicio político como legítimo. Pero a Dilma no le gustó.
El pueblo paraguayo, como se ve, ha aceptado la solución. Pero a Dilma no le gustó.

Así que vamos a ver. La ley se cumplió. La democracia sigue en pleno funcionamiento. Los poderes establecidos y el pueblo de Paraguay reconocen el nuevo presidente. ¿Qué es entonces lo que objeta Brasil? “¡Ah, el juicio fue breve!” Lo fue porque las leyes paraguayas permiten que así sea. El Palacio de Planalto puede tratar de exportar algunos de nuestros legisladores al país vecino para que formulen mejores leyes, más al gusto de nuestro gobierno, ¿no?

¡No! ¡Definitivamente, esto no es así como funciona! Amenazar a Paraguay con el aislamiento cuando están en vigor todas las instituciones que caracterizan a la democracia es inaceptable. ¿Cuál es el cargo? Sí, es la mala conciencia. Voy a explicar por qué.

Algunos líderes de América Latina, utilizando la injusticia social como pretexto, han llegado a creer que pueden irrespetar abiertamente las leyes con las que se los eligieron, para entonces hacer… ¡justicia! La desigualdad social en el Paraguay es, de hecho, obscena. Hay dos maneras de combatirla: con las leyes y el debate democrático (lo cual requiere de conocimientos, habilidad de negociación, la aplicación gradual de las medidas…) Y hay otra manera: recurrir a pistoleros. Lugo prometió una reforma agraria en el país. Sus planes no salieron del papel. Sin embargo, empezó a tolerar los grupos extremistas de bandidos que hablan en nombre de “los sin tierra”.

Por incompetente, Lugo no presentó un plan para el país. Por demagogo, empezó a manejar el extremismo en su favor. Los bandidos sólo amenazaron lo más virtuoso de la producción agrícola del Paraguay (que incluye a los brasileños, es bueno recordar). De hecho, a nuestro gobierno le importó muy poco su propio pueblo, que tienen varias razones para estar molestos con Lugo. En Paraguay hay una persecución organizada de los llamados “brasiguayos”. Las supuestas “víctimas de las desigualdades” están invadiendo, saqueando y destruyendo granjas. Hay familias que fueron desalojadas de sus tierras. ¿No han escuchado ni pío hasta ahora, en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rousseff?

Los gobiernos de América del Sur que amenazan con aislar a Paraguay (y, lo siento, pero esto se aplica también a Dilma) están, en la práctica, más preocupados de sí mismos que de Fernando Lugo. Que no puede, por supuesto, ni legal ni políticamente regresar al poder. Ellos están diciendo que NO ACEPTAN SER DESTITUIDOS POR LEYES DEMOCRÁTICAS NI CUANDO LAS TRASGREDEN. Incluso con palabras un tanto oblicuas, están diciendo que uno debe tolerar que el jefe del Ejecutivo se una a grupos que atentan contra los fundamentos de la democracia, pero que es intolerable que el Congreso y los tribunales ejerzan sus prerrogativas.

Es precisamente esta mala conciencia la que está en la raíz de la denuncia falsa, evidentemente falsa, de que hubo un “golpe” en Paraguay. Si hubieran muerto 17 personas en una batalla por la tierra en un Paraguay gobernado por la derecha, ya habría un montón de organizaciones no gubernamentales de todo el mundo gritando: “¡Masacre! ¡Masacre!”. Si entonces el Congreso hubiera destituído a ese presidente por “mal desempeño”, sería aplaudido como una expresión de la verdadera democracia. Pero como ocurrió durante la gestión del “progresista” Lugo entonces se produce este ruidoso silencio.

No creo que Dilma deba emprender una nueva “Guerra del Paraguay” en defensa de un demagogo, que fue derrocado siguiendo la letra de la ley. No faltará un lecho para abrigar al carismático obispo…

* Reinaldo Azevedo es un periodista brasileño. El texto que reproducimos ha sido publicado en su blog de la revista Veja. La traducción es nuestra.

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