Qué lindo es mi país



Qué lindo es mi país

¿ Escucharon a los pajaritos cantar esta mañana? ¿Se extasiaron con ese cielo despejado hermoso de Quito, típico de sus veranos?

¿Se han dado cuenta de que, a partir de ahora, el aire se respira más puro, la gente camina por las calles con una sonrisa de oreja a oreja, hombres y mujeres comentan casi a gritos de alegría de los avances económicos, no solo de nuestro país, sino de ellos, de sus presupuestos, que son cada vez más holgados?

Tienen que fijarse. Son días históricos, sin duda. Los políticos ya no transan sus votos en la Asamblea, las decisiones que toman son por puro patriotismo, nunca se les cruzó por sus geniales cabezas el pedir algo a cambio. Es más, de una información de última hora, no confirmada, que me han hecho llegar, ahora sé que varios legisladores pidieron expresamente a sus cuñados, primos, nietos y vecinos, que dejen esos puestos burocráticos a los que llegaron tomándose sus nombres. Por otras fuentes, de más alto nivel, se ha filtrado el dato que otros asambleístas han devuelto sus recientemente adquiridas membresías en clubes sociales de lujo. De pronto, y a partir de ahora, los políticos se han convertido en el ejemplo que tanto tiempo demandamos: ejemplo de decencia, de austeridad, de integridad. Gracias, mil gracias.

Por otro lado, los criminales también se han sumado a la reconversión. Este gremio ha decidido, por cuenta propia, dejar de matar. Los delincuentes han entendido que su mejor camino es la rehabilitación y, para ello, cuentan con planes efectivos y bien financiados, que consiguieron -en un tiempo récord- devolverlos como sujetos de bien a nuestra recompuesta sociedad.

Ya no vemos, desde el pasado miércoles, a personas paradas en las esquinas haciendo malabares para suplicar unas monedas. Me han dicho que ya están trabajando, contentos y estables, con sueldos dignos. Los niños van a sus escuelas, los trabajadores a sus trabajos, los jóvenes saben que sus vidas tienen un sentido, los migrantes regresaron, las familias se reintegraron, las mujeres no son golpeadas por sus maridos, hasta la infidelidad ya es un mito. La felicidad existe y quien quiera comprobarlo, solo que se dé una vueltita por nuestro país.

El tráfico en las ciudades ya fluye, los vuelos no se retrasan, los accidentes en las carreteras solo son un triste y viejo recuerdo. Todos los sectores, sin excepción, reciben impulso y ayuda del Gobierno para que avancen, no hay favoritismo político, no existen prebendas de por medio, la contratación pública ecuatoriana se abre paso en el mundo como un referente de transparencia, ahorro y honestidad.

Nuestras autoridades hablan lo justo y necesario. Los vemos poco, pero su obra la sentimos en cada paso que damos. Nos dan ejemplo de trabajo, sacrificio, ecuanimidad. Si caemos en dilemas de orden ético, alzamos la mirada y los contemplamos para aprender de sus acciones. Luego las repetimos, creando entre todos un orden perfecto que hace grande a nuestra sociedad.

No sé que más decir. Todo es tan bello, que me he quedado corto en las palabras, sin duda. ¿Te gustó, Rafael?

Marlon Puertas

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