No, por supuesto que no

No, por supuesto que no

Alfonso Reece D.

No me harán reír diciéndome que creen que, gracias a la aprobación de las preguntas 1 y 2 de la consulta popular del próximo sábado, va a mejorar la seguridad ciudadana. El “remedio” no llega ni a paño tibio. Votaré no en esas preguntas. Igual procederé en las 4 y 5, porque atentan contra la esencia del sistema republicano, que no consiste en la prevalencia brutal de la mayoría, sino en la vigencia del estado de derecho. Lo propio haré en los puntos 3 y 9, porque lesionan los derechos de expresión y de empresa. Ni hablar de la aberrante interrogación 6, que arrasa el principio de la presunción de inocencia.

Escribí largamente sobre la pregunta 7, cuya aprobación solo conducirá a empoderar al juego ilegal, ¿qué sesera desocupada parió tamaño disparate? La 10, que establece sanciones penales para quienes no cumplan con afiliar al IESS a sus trabajadores, criminaliza el derecho laboral, lo que es antijurídico, porque es un derecho esencialmente contractual, además, será usada como instrumento de represión contra los que no simpaticen con el Gobierno. Ya vimos que a la mujer que osó hacerle una seña a Su Majestad, enseguida saltaron a decir que no cumplía con sus obligaciones a la Seguridad Social. Por ahí van, ya saben. Además, como ocurrió en el caso de la Cervecería Nacional, las autoridades no respetan el principio de irretroactividad de la ley… Bueno, prepárense y acuérdense bien de lo que hicieron los últimos veinte años. En todas estas preguntas no absoluto, rotundo, radical, indudable.

Pero es la pregunta 8 en la que me siento más atacado. ¿Por qué, podrán cuestionarme, si no es un tema esencial? A pesar de que no provengo de una familia taurina, me hice aficionado a la Fiesta Brava desde que tenía 7 u 8 años. La belleza del espectáculo, el sabor del ambiente y la fuerza dramática de su trama determinaron mi enamoramiento, porque esa es la palabra. Después descubriría la magnificencia del toro en el campo y me embelesaría con las costumbres de la cultura chagra, que es un derivado directo de la cría de reses bravas. Ese hermoso animal y ese modo de vida único desaparecerán con el fin de las corridas. El acervo de la cultura nacional será gravemente lesionado.

En su día se me revelaron Picasso, Goya, Hemingway, Gerardo Diego, Miguel Hernández, Manuel Machado, Agustín Lara, Orson Wells, García Lorca, Mishima, Manet y otros grandes aficionados a la tauromaquia, de la cual dejaron hermosos testimonios. Muchas tardes vi a Oswaldo Guayasamín y a Jorge Enrique Adoum juntos en primera fila de contrabarrera de la Monumental de Quito… ¿Eran acaso ellos unos salvajes reaccionarios? Comparto mi afición con Osvaldo Viteri, Jaime Zapata, Joaquín Sabina, Pedro Almodóvar, Fernando Botero… ¿se los podrá acusar de insensibles? Todo un mundo de arte, de gracia, de finura, se perderá con la prohibición del mágico rito táurico. Me niego a que mi país sea sepultado en una avalancha de salchipapas, talk shows, ignorancia y grosería. No, ahora y siempre, no.

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