Hugo Chávez, una visita no grata

Editorial

La Nacion
Argentina

Hugo Chávez, una visita no grata

Indigna que se reciba con honores a quien gobierna en forma autoritaria bajo una mera apariencia de democracia.

Martes 29 de marzo de 2011

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, nos visita nuevamente. Lo hace como si fuera un socio cercano en momentos en que la organización no gubernamental Human Rights Watch ha denunciado que su gobierno desnaturalizó la independencia del Poder Judicial debilitándolo sistemáticamente y utilizándolo para acosar judicialmente a quienes critican a su administración, y en que el gobierno anfitrión adeuda explicaciones sobre el atentado a la libertad de expresión que significó el bloqueo de los talleres de La Nacion, Clarín y Olé.

Llama a engaño el premio Rodolfo Walsh por su aporte a la comunicación popular que recibirá Chávez en la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata, sobre todo después de haber auspiciado el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV) y varias emisoras de radio, así como también haber acosado hasta el hartazgo a otro canal de televisión no manejado por el oficialismo, Globovisión. Por si ello fuera poco, cabe recordar que acompañó un proyecto de ley especial de “delitos mediáticos” que, finalmente, prefirió no aprobar la Asamblea Nacional, el órgano legislativo de Venezuela.

Si esto refleja el carácter que debe tener la libertad de expresión y es trasladado a alumnos universitarios como un modelo en el cual reflejarse, esa visión no dista mucho del desprecio frecuente del gobierno de los Kirchner hacia la prensa independiente argentina.

En el caso de Venezuela, específicamente Human Rights Watch acusó al Tribunal Supremo de nada menos que haber “abdicado a su rol de controlador del Poder Ejecutivo, subordinándose, en cambio, a Hugo Chávez”. Esto ocurrió luego de que la Asamblea Nacional, semanas antes de que asumieran los diputados opositores, designó a nueve magistrados de ese tribunal.

Además, alertó sobre la aberrante detención de la jueza María Lourdes Afiuni, hace 14 meses, por haber concedido, de acuerdo con el derecho internacional, libertad condicional a un empresario que llevaba tres años en prisión en espera de ser juzgado. La organización está solicitando la liberación inmediata de la jueza, así como la derogación de todas las normas penales que en Venezuela criminalizan la difamación de los funcionarios y las instituciones públicas. Esto es un artilugio para evitar las críticas de los pocos medios independientes que aún quedan.

Distintas organizaciones no gubernamentales internacionales han solicitado que se termine con las restricciones a la libertad de prensa que pesan sobre los medios y los periodistas venezolanos. Basta recordar, a modo de ejemplo, que quienes osen difundir la cotización del dólar paralelo son pasibles en Venezuela de severas multas y sanciones, que puede incluir hasta el fin de la licencia, en el caso de medios audiovisuales.

Con sólo una apariencia de democracia, Venezuela está muy lejos de calificar como país que la respeta. La situación recuerda, salvando las distancias, que en 1936, en tiempos de Stalin, la Unión Soviética promulgó una constitución liberal mientras, en los hechos, se masacraba a los campesinos, llamados kulags , y se llevaban a cabo presuntos juicios que, en realidad, poco tenían de tales y eran tan sólo un show perversamente manipulado por el gobierno.

Esa constitución soviética aseguraba la libertad de opinión, de prensa y de reunión. Ninguna de esas libertades, en rigor, existía. La diferencia entre la ficción democrática y la realidad autoritaria de entonces tiene paralelos con lo que hoy lamentablemente sucede en Venezuela. La historia, queda visto, se repite.

Chávez, armado hasta los dientes, ha gastado siderales sumas de dinero en armamentos de todo tipo, que incluyen aviones de caza rusos y chinos, y helicópteros rusos, así como buques de guerra, submarinos, sistemas defensivos de última generación, fábricas de fusiles de asalto, distintos tipos de tanques de guerra, misiles antiaéreos y antitanques. Lo llamativo, casi insultante, es que suele pontificar al mundo disfrazado de pacificador, como acaba de suceder en su fallido intento de mediar en el conflicto libio y, antes, con el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad.

Lo más grave de todo, quizás, es que el líder bolivariano ya ha anunciado que sus fuerzas armadas son “el brazo armado de la revolución” y que, de no imponerse en las elecciones presidenciales del año próximo, igual sostendría el timón del poder para “completar” su pretendida “revolución”.

Duele que el gobierno argentino reciba con honores al líder de un gobierno al cual de democrático sólo le queda el nombre.

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