Derechos del presidente


Derechos del presidente

Emilio Palacio

El presidente de la República tiene todo el derecho del mundo de acusarme del delito que quiera, de exigirme los millones de dólares que guste y hasta de insultarme en público. Pero hay varios derechos que no tiene.

Mencionaré solo algunos:

1. No tiene derecho a demandar a nadie más por lo que yo escriba y menos aún a los directivos del medio que me acoge desde hace varios años, porque mis opiniones llevan firma, correo electrónico y hasta foto, así que aquí estoy, no busque a otro, agarre al toro por los cuernos y no le dé la espalda.

2. No tiene derecho a pedirle al juez que encarcele a los que opinamos distinto. Puede exigir que yo le pague dinero, mucho dinero, incluso 80 millones de dólares si desea (después de todo no los tengo), pero ir a las mazmorras no, porque lo prohíben la Constitución que Alianza PAIS nos impuso al braveo y la Convención Interamericana de Derechos Humanos. La prisión por demandas de imprenta ya no existe en casi ningún país democrático del mundo. Las demandas son civiles exclusivamente y no penales. Así que vuelva a presentar su demanda, pídame a mí solo sus 80 millones de dólares, presidente y de paso cambie de abogado, y allí nos vemos.

3. No tiene derecho a pedir que la sanción sea especialmente fuerte porque él no es un ciudadano “cualquiera” sino presidente de la República. Eso se llama desacato, un delito que lo “inventaron” los emperadores romanos. Las sanciones tienen que ser las mismas sin importar quiénes estén involucrados en el delito, periodistas, presidentes o ciudadanos de a pie. Nada de tratamientos especiales para su Majestad.

4. No tiene derecho a presentarse como Caperucita Roja humillada por el Lobo Feroz. El lenguaje y la forma de descalificar del presidente todos los conocemos, no es el de Caperucita, incluye desde “pitufo” hasta “ándate a la casa de la v…”. De tal modo que si mis afirmaciones no le gustan al presidente, que me demande, pero no como la última de las once mil vírgenes que nunca existieron sino como uno de los presidentes más falto de educación y cortesía que hayamos tenido.

5. No tiene derecho a pedirle a su amigo Carlos Marx (no el de El Capital, sino el del capital verde, tentador, enloquecedor) que adelante criterios sobre cuántos impuestos deberá pagar cuando cobre los 80 melones que pide. Libre de impuestos, libre de impuestos, libre de impuestos, es el nuevo lema de la Revolución Socia Lista del nuevo Carlos Marx.

6. No tiene derecho a utilizar el aparato del Estado, los canales públicos, las cadenas de medios pagadas con nuestros impuestos, la cadena insultadora de los sábados (pagada también con nuestros recursos), para contestar mis opiniones con insultos y luego demandarme porque supuestamente lo insulté. Que me insulte y me demande, hágase rico a costa de los que disienten, pero sin tomar un solo centavo de las arcas fiscales.

7. Por último, Rafael Correa no tiene derecho a exigirme que le pida perdón. Solo mi familia tiene ese derecho. Solo mi esposa y mis hijos podrán decirme, cuando ya no podamos más, cuando las fuerzas nos falten, que llegó el momento de rendirnos. Estoy preparado para esa posibilidad. Pero soy optimista, porque si ocurre, como en las dos ocasiones anteriores, que se despierta una amplia solidaridad nacional e internacional, si los ciudadanos reaccionan, si se movilizan, si salen a las calles pacíficamente a decir que no quieren que la dictadura aplaste a Juan Carlos Calderón, a Christian Zurita, a EL UNIVERSO, a la radio Arutam, entonces volveremos a ganar, no los periodistas, sino la libertad de expresión.

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