Mi demanda

Mi demanda

Marlon Puertas

mpuertas@hoy.comec

Señor juez de lo moral: acudo ante usted para que dicte justicia con todo el rigor de la Ley, no porque esté loco, traumado ni tenga problemas psicológicos, más allá de los normales que todo periodista acumula ante tanto político mentiroso y zonzo que uno entrevista.

La causa de mi demanda es daño moral, y el demandado es el sujeto político Rafael y sus amigotes.

Los fundamentos de mi demanda están contemplados no en ley alguna, que no hace falta, pero sí en la razón y en la justicia. Señor juez, en efecto, los demandados me han provocado un intenso dolor y una tremenda angustia, no porque se refieran hacia mi oficio como que fuera lo peor del mundo -incluso peor que ser político-, porque aquello me resbala. El dolor, señor juez, deriva de informar día a día cómo va subiendo la cifra de recién nacidos que mueren en los hospitales públicos. Ese dolor es consecuencia de observar tanto llanto, tanta impotencia de gente pobre a la que se presta atención únicamente cuando la prensa calificada como corrupta les da espacios para que puedan exigir una investigación.

Tengo angustia, señor juez, porque, en vez de actuar rápido, despedir a los negligentes y renovar esos puestos mediante concurso para escoger a los mejores médicos, ocurre lo contrario. Sale una comisión de Gobierno a decir que la culpa de todo la tiene la bacteria, completando el triste escenario con una burla desalmada. Tengo angustia, porque el principal responsable, el ministro de Salud, sigue en su puesto sin poder garantizar que los niños no seguirán muriendo.

No quiero plata, gracias, si es lo que más tengo, como dicen los payasos que se suben a los buses. Lo único que quiero es que los causantes de esto paren ya la mano y no hagan más daño. A mí no, yo puedo seguir aguantando. A los débiles, aquellos que ahora van a ser nuevamente convocados a las urnas para consolidar un sistema que al mismo tiempo los conquista y los mata, son los que no merecen continuar con sus penas eternas.

Exijo un castigo, eso sí. Quiero una reparación efectiva, unas disculpas públicas y que usted sentencie al susodicho y a sus cómplices a trabajar en la Redacción de un periódico o en una sala de noticias. Como no quiero fastidiar a ningún noticiero o periódico, dígnese establecer unos cuestionarios de cultura general y una evaluación de redacción para comprobar si son capaces de articular frases con sentido y coherencia. Y, para que el castigo sea más cruel, que el condenado principal cubra la fuente de la Presidencia y se pregunte a sí mismo y que escuche sus propias respuestas. Para que vea que no es bonito.

Esta demanda la presento yo, señor juez, pero el daño moral es generalizado. Una crisis de moral vive el país porque, desde la cabeza, no tenemos buenos ejemplos. Hágase justicia.

PD: Me han dicho, señor juez -y disculpe la franqueza- que usted tampoco tiene moral, razón por la que no es competente para conocer este caso. Estamos jodidos.

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