¿Dónde queda mi daño moral?

¿Dónde queda mi daño moral?

Mariana Neira

Recién realicé una investigación histórica que involucraba a gobiernos desde 1959 hasta Gutiérrez y ninguno me pareció más represivo que la Junta Militar de 1963. Acomodó la legislación a su antojo, aplicó la Ley de Seguridad Nacional imponiendo como principio que todos los detenidos eran culpables mientras no comprobaran su inocencia. Así limpió de comunistas el país. No fue difícil, bastó con exiliar a una veintena de líderes. (Ahora la moda es cooptar a los izquierdistas con buenos sueldos y en ‘combo’: con mujeres, guaguas, tíos, suegros, amantes, y los marxistas se vuelven ‘revolucionarios’ reformistas).

La Junta se creía omnipotente porque tenía el poder y las armas. (Siempre los que poseen las armas manifiestan delirio de poder eterno. Husein, Mubarak, Gadafi son ejemplos modernos). Envanecidos por lo que tenían, más que por lo que eran, los militares ampliaron su persecución a quienes no eran comunistas, por el simple hecho de opinar en contra de sus acciones. Obviamente, los más expuestos fueron los articulistas y cronistas. (Todo dictador empieza su estrategia de silenciamiento por los periodistas porque ayudan a la gente a razonar, no por más inteligentes, sino por mejor informados). Entre las víctimas de la dictadura estuvo un ‘periodista investigador’ que narró cómo a los presos políticos les castigaban en la cárcel con baños de agua helada. Lo tomaron preso simplemente para amedrentar a los periodistas, porque el baño en agua helada existió. Enfureció a los dictadores que se hubiese descubierto.

Eso ha sucedido con Christian Zurita y Juan Carlos Calderón. Los hechos narrados en su libro existieron, se comprobaron y confirmaron como manda la regla básica del periodismo de investigación. Por eso no tuvieron opción para prohibir la circulación del libro ni para desmentirlo, entonces recurren a la demanda por ‘daño moral’ que intenta castigar con USD 10 millones al ‘atrevimiento’ de haber descubierto y publicado negocios turbios que los creían bien escondidos. Es lo bello del periodismo de investigación: el destape de las cloacas de la corrupción. Esta tarea es bien vista por los gobiernos democráticos que consideran la investigación periodística un elemento de apoyo para limpiar y transparentar sus administraciones. Para los gobernantes que solo sueñan con el poder, es un estorbo, y buscan la manera de silenciar periodistas.

Lo positivo de esta demanda a Christian y Juan Carlos es habernos ilustrado a los periodistas que podemos presentar de manera conjunta un reclamo judicial en contra de quien nos ha tildado de ‘bestias salvajes’, ‘periodiqueros’, ‘periodista perverso’, ‘reportero majadero’, ‘periodistas semiignorantes’, ‘prensa corrupta’, ‘sicarios de tinta’ y otras de alusión personal: ‘gordita horrorosa’, ‘Tarzán de bonsái’. ¿Acaso ese no es un ‘daño moral’?

El Comercio.

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