¡Indígnese usted!

¡Indígnese usted!

Este título me pareció el término más idóneo para llamar a la reflexión a muchos compatriotas que aún creen en la tristemente famosa revolución ciudadana del siglo XXI, título copiado de un artículo que aparece en LaRevista de este diario.

Como muchos, no dejo de sentir honda preocupación por el rumbo que está tomando el país. Llegó a mis manos en días pasados un artículo que escribió una señora con el título ‘Dejen trabajar al presidente. ¡No más quejas por el Gobierno!’.

Creo que ese es el clamor ciudadano, no quejarnos… pero cómo dejar de hacerlo si cada día nos enteramos de las palabras que el presidente, la cabeza principal, el que nos debe gobernar con ejemplos, dispara, gracias a su ya conocido carácter explosivo, que nos da a entender que no piensa antes de hablar, diciendo y haciendo cosas no dignas de un gobernante; se ha pasado peleando, gritoneando, burlándose e insultando estos últimos cuatro años.

Cómo no quejarse de un presidente que visita a los presos y les pide que no cometan más errores y que lo ayuden a mantener la paz ciudadana, para luego decirnos a nosotros los hombres y mujeres honestos del país “que nos dejemos robar”. Sí, amigos, estamos leyendo bien… “que nos dejemos robar” porque por unos cuantos dólares (ganados con trabajo honesto) y un celular (comprado con nuestro dinero) no se debe perder la vida.

Cómo no quejarnos si un presidente de voz autoritaria que tacha a honorables adultos mayores de “cadáveres insepultos” o “parque jurásico” por el solo hecho de no coincidir con él. Cómo no quejarnos, si con Guayaquil se mete todos los días pero no para cosas productivas sino para atacarnos por cualquier situación, lo que se le ocurra; con Guayaquil no hay guante que le calce, tanto que nos han enviado desde Quito gente que dirija las principales empresas estatales de la ciudad, como si aquí no contáramos con gente proba para hacerlo.

Solo espero que el marasmo en que está sumido nuestro pueblo sea sacudido por el peso de la inoperancia de un gobierno autoritario que cada día pretende apoderarse hasta de nuestra conciencia. Ojalá pronto se devele esa cortina de mentiras que cada día se hace más transparente y caiga, porque debemos aprender a sacar provecho de los errores y decir no a quien más nos miente y nos engaña.

Por esto y otras cosas no podemos dejar de quejarnos, sino por el contrario, sentirnos indignados por tanta inseguridad, indignados por los crímenes, indignados por los secuestros, indignados por las violaciones, indignados porque no podemos salir solos o con nuestros hijos de paseo por el temor de no regresar completos a casa, indignados por los abusos, indignados por los robos.

Dejemos de lado la apatía y enfrentemos nuestra realidad, luchemos por nuestros derechos y digamos ¡Basta! Unámonos desde todos los rincones de la patria y no aceptemos por más tiempo las cosas que nos denigran, removamos conciencias y seamos como siempre lo fuimos: un país libre y democrático.

Fátima Florencia,
Guayaquil

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