Los intocables

Los intocables

Marlon Puertas

Ahora que el presidente de la República pidió la renuncia de todo su Gabinete, vale dejar en claro que los únicos fijos son, aparte de él, Ricardo Patiño, Vinicio Alvarado y Alexis Mera. Los demás se pueden ir, que la revolución no sufrirá. Estos cuatro jinetes desplazaron por completo a los ingenuos que pensaron que, con sus palabras bonitas, compartirían un poder que ayudaron a conseguir, pero al que ahora ven de lejos, distante y ausente en sus vidas, causando un vacío que solo llenan de cuando en cuando al soltar frases de resentimiento huecas y nunca acusaciones con sustento.

Quién diría que el socialismo del siglo XXI sea implantado en el Ecuador por cuatro guayaquileños. Afuera quedaron Gustavo Larrea, Fander Falconí, Alberto Acosta, que se jactaban de haber sido los ideólogos de ideas que ahora ven traicionadas. Es una coincidencia, sin duda, que todos los excluidos sean de Quito. Y que, pese a ello, el electorado quiteño no se resienta, es un avance en la histórica pugna regional. Los monos mandan desde la capital y los quiteños asumen con agrado la jerarquía. Si hasta se parecen al Barcelona.

Quién diría que la mayor resistencia a las geniales ideas de los revolucionarios se desarrolle en su propia ciudad. Que sea Guayaquil su piedra en el zapato y, por ende, merecedora de castigo ante la insolencia que por acá se interpreta como rebeldía.

Quien diría que dos de los ases sean pelucones felices y que poco antes eran beneficiarios de un sistema capitalista que ahora combaten y ayudan a extinguir para que nazca el nuevo socialismo, que sacará cabellos negros de la envidia hasta del propio Fidel. Alexis y Vinicio eran –o son– todo lo contrario de Alberto Acosta o de Gustavo Larrea, pero son la base en la que se sostiene un proyecto en el que nadie sabe si creen, pero que, como profesionales que son, ayudan a apuntalar con toda su sapiencia legal y publicitaria. Como antes ayudaron a León Febres-Cordero y Abdalá Bucaram, en su orden. Como, antes, la agencia publicitaria de uno de ellos ayudó a crecer la fama de los casinos de Invermun o a suavizar la privatización del agua en Guayaquil.

Quién diría que Ricardo Patiño, que nunca ha ganado una elección, sea el as de la política que va ganando partidas y repartiendo consejos con esmero y cuidado, incorporando a los designios de la revolución a hombres y mujeres buenos y leales.

Todos confluyen para que brille Rafael, el as de diamantes. Predestinado a salvar nuestro país, sus camaradas le allanan el camino para que camine victorioso, mientras Alexis aparta piedras, Vinicio proclama loas y Ricardo marca estrategias.

Es otra coincidencia, sin duda, que el verdadero poder de la revolución se concentre en cuatro hombres y en ninguna mujer, en este, que es el Gobierno de las igualdades y del todos y todas, que quedó bien bonito plasmado en la Constitución pero para que lo cumplan o lo borren los que vengan después.

Son los intocables. Califican, descartan, renuncian, reciclan, botan, a los demás. A ellos, solo la historia podrá juzgarlos.

*Tomado de Diario Hoy, del 27 de marzo del 2010.

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