De corazones ardientes, a estómagos vacíos

De corazones ardientes, a estómagos vacíos

Por Fernando Coronel

A mi nieto:

Fue ese gobierno, del que hoy te toca aprender en tus clases de historia, el que volvió la situación insostenible y puso fin a la democracia en el Ecuador por varios años. Llegaron llenos de buenas intenciones, corazones ardientes y mentes lúcidas como decían en la campaña. El respaldo popular en las urnas fue abrumador en varias elecciones consecutivas y muchos sintieron que ese inexperto joven economista salvaría al país de la debacle. La luna de miel duró unos cuantos años, pero como todos los socialismos a lo largo de la historia, el fracaso se veía venir y el colapso económico sumado a las tensiones sociales pusieron al Ecuador al borde del precipicio.

Después de ser ministro por poco tiempo y con una campaña fugaz este personaje al que tantos amaron y ocupa hoy una de las páginas negras de nuestra historia, se vio sentado en Carondelet con mucho por hacer y defendiendo, además, las ideas equivocadas. Su partido de gobierno era una rara melcocha que mantenía unidos por el hambre de poder a todo tipo de personajes quienes en realidad no entendían ni las ideas ni los planes que salían a defender. Había un pequeño grupo cercano al poder que manejaba en realidad los hilos del país y llegaron a ser tan temidos como los representantes de la inquisición. El país aguantaba esto y pese a los primeros escándalos de corrupción, la gente se hacía de la vista gorda manteniendo el apoyo al partido verde limón.

El desencanto no llegó cuando las libertades se fueron limitando. Se cerraron canales de televisión, periódicos y demás, y si bien esto despertó algunas manifestaciones populares, estas no llegaron nunca a convertirse en una real amenaza para el régimen. La mayoría estaba en contra de estas medidas, pero seguían respaldando a este gobierno que era la supuesta última esperanza del país. Las cifras maquilladas ocultaban la creciente debacle económica que estaba ya a la vuelta de la esquina. Los crímenes iban en aumento y el temor inicial se convertía en desesperación. Fue esa escalada de violencia, mi querido nieto, la que hizo que la gente empezara a despertar del sueño socialista.

Como aprendiste en la escuela, el socialismo cavernario fracasó en todo el mundo, solo la izquierda moderna que se adaptó a los tiempos mantuvo vigencia mientras defendían ya como propias las libertades y la economía de mercado. En el Ecuador con ese socialismo pasado de moda se volvió inevitable esa siempre peligrosa intervención militar que buscó sin éxito solucionar la profunda crisis social y económica en la que estábamos sumergidos, haciendo real esa frase que algunos dijimos desde los primeros días: “El Ecuador será llevado de corazones ardientes, a estómagos vacíos”.

Esto será quizá lo que contaremos en el futuro. Lo que está en juego es el país y la neutralidad, que no es más que el escondite de los cobardes, hace mucho que dejó de ser una opción.

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