Freno al absolutismo del siglo XXI

 Freno al absolutismo del siglo XXI

By OSCAR PEÑA

Sacar al presidente Manuel Zelaya de Honduras fue un grave error. Se contaba con una base legal y apoyo de todos los poderes constitucionales de la nación hondureña y del propio partido de Zelaya para enjuiciarlo como en una oportunidad proyectó hacer Estados Unidos con el presidente Richard Nixon, obligándolo a renunciar. Las autoridades hondureñas encabezadas por Roberto Micheletti no se pueden comparar con Augusto Pinochet y su criminal acción. Es todo lo contrario. En Honduras se agotaron públicamente todos los mecanismos establecidos cívicos y legales para hacer saber al ocupante de la silla presidencial que lo que estaba proyectando era ilegal y no tenía apoyo, pero el gobernante no quería escuchar y con muy mala voluntad estaba decidido a ser un transgresor de las leyes, de las instituciones y de los derechos cívicos del pueblo hondureño.

La mala decisión de deportarlo posibilitó –al principio– que el foco internacional confundiera la figura de Mel Zelaya como víctima cuando la realidad es que formaba parte de un equipo latinoamericano que con trampas democráticas quieren perpetuarse en el poder. Chávez, Correa, Ortega, Morales y Zelaya son los principales jugadores de ese conjunto. Y es por ello la enérgica reacción de estos personajes cuando a uno de los suyos no le permitieron las instituciones hondureñas y la mayoría del pueblo hacerse dueño vitalicio de la silla presidencial. Por permitir eso el pueblo cubano ha pagado un alto precio. Hace ya 50 años que Fidel Castro “llegó al home y se robó las tres bases”, hoy el pueblo venezolano y el ecuatoriano están pagando también su cuota de libertad por permitirle a Chávez y a Correa llegar hasta la segunda y con intenciones de correr para tercera. Igual sucede a Nicaragua con Ortega, y a Bolivia con Morales.

En nuestro hemisferio estos aspirantes a tiranos estudian el manual de Cuba para hacer el recorrido de trampas, esquemas, coacciones, mentiras y acciones para alcanzar el poder absoluto. El anuncio de Correa de crear los comités de defensa de la revolución en Ecuador y el de Chávez de silenciar las emisoras de radio y televisión son sólo dos ejemplos de lo expresado. Y ello explica la acción justa y legal de las instituciones de Honduras de no permitir que su presidente, abusando del cargo y lleno de prepotencia, también intentara aquel domingo comenzar a “robarse el home y todas las bases” de Honduras.

Es innegable que todo hogar, país y hemisferio necesita rectores, árbitros y autoridades que velen por el cumplimiento de lo acordado para el mejor funcionamiento de la convivencia social, pero en el proceso de Honduras la OEA ha tenido una actitud muy parcializada ante ese intento presidencial de bifurcar los caminos democráticos y en general ha tenido una visión opaca y de cierto silencio para la erosión que va teniendo la democracia en varios países de la zona. Sin embargo es inconcebible observar tantos “paños tibios” en el discurso con el completamente totalitario régimen de Cuba. No es ocioso reiterarlo: los pueblos latinoamericanos necesitamos de todos los Inzulsas del hemisferio para preservar los espacios de libertad, pero con la toga de la justicia y la imparcialidad.

Acaba de expresar Roberto Micheletti, designado presidente provisional de Honduras, que tan pronto como se celebren las transparentes elecciones presidenciales dentro de unos días se retira de la escena. Definitivamente debemos expresar con entera justicia que Honduras no debe calificarse más como una “república bananera”. Se ha roto el mito y la leyenda. El pueblo hondureño, su congreso, sus tribunales, su ejército, su consejo de ministros, la policía, la iglesia católica y todas las demás instituciones de ese país han sabido frenar y no dejarse arrastrar por el populismo, la demagogia y las ambiciones de falsos salvadores.

Para aquellos que en América Latina leen al revés, quiero expresarles que el que suscribe nunca ha estado, ni está, ajeno a que nuestros países latinoamericanos están repletos de problemas sociales, políticos, económicos y con democracias muy imperfectas. Recién llegado de Cuba visite en 1991 la Venezuela de Carlos Andrés Pérez y me dio muy mala impresión que un país tan rico tuviera tanta pobreza y crimen. Han pasado tantos años ahora con Chávez y esos renglones han empeorado.

Los latinoamericanos tenemos la dañina tendencia de hacernos pasar por muy listos, y sin embargo nos engañamos nosotros mismos. La culpa de nuestros problemas son internos y no de otros países, como practicamos acusar históricamente. El problema de América Latina no es de ideología, no es de derecha, ni de izquierda. Es de cultura política. Somos los únicos responsables de nuestros líos. Ellos son fabricados por nosotros. El capitalismo salvaje con grandes bolsones de pobreza, falta de atención sanitaria, grandes desigualdades y el enriquecimiento sólo de minorías no es la alternativa, pero tampoco lo son la fealdad total de los regímenes absolutistas con pobreza para todos, libertad para nadie y privilegios sólo para la minoría en el poder.

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